Hoy el ilustrador de uno de los mapas mas detallados de nuestra colección nos cuenta sobre él, la ilustración, lo que lo inspira y cómo llegó a Mapoteca.

  • Para arrancar con una mini presentación, contanos ¿Quién sos?

Me llamo Guido Ferro. Tengo 34 años. Actualmente vivo en el barrio de Belgrano, en la ciudad de Buenos Aires. Me gusta levantarme temprano y desayunar tranquilo. Té, mate o café según el día. Disfruto mucho de mi trabajo, lo que a veces me dificulta ponerle ciertos límites. Amo la naturaleza, casi tanto como vivir acompañado por mis seres queridos, un balance que hasta ahora me mantiene viviendo en la ciudad. Viajar es mi manera de conectar con el mundo natural, trato de hacerlo todo lo que puedo.

  • ¿Cómo arrancaste a ilustrar? 

Mi relación con la ilustración nació con Asterix y Tintín, tuve la suerte de tener ambas colecciones completas en mi casa. Una y otra vez releía los libros, disfrutando de cada detalle de Uderzo o Hergé. Recuerdo una época en que me llevaba los libros a la bañadera y me quedaba hasta terminarlos aunque el agua estuviera fría. El paso al secundario es el momento en que la mayoría de las personas dejan de dibujar, probablemente porque lo relacionan con el mundo infantil, del que quieren escaparse. Por alguna razón durante esos años y luego en la facultad seguí dibujando, en los márgenes de mis apuntes, en los bancos y pizarrones. Si bien era algo que me daba mucha satisfacción, el dibujo tenía un lugar marginal en mi vida. Tenía la idea de que algún día quería ser ilustrador, pero no sabía cómo y el miedo me paralizaba. Empecé a trabajar en el mundo audiovisual, otra de mis pasiones, formé una productora con un amigo y poco a poco fuimos creciendo como empresa. Simultáneamente empezó a crecer en mi la idea de que tenía que darle un lugar en mi vida a la ilustración, el sueño de convertirme en ilustrador no iba a realizarse solo, cada año que pasaba se hacía más difícil. Di un primer paso, chiquito, me anoté en un taller con quien sería mi compañera. Poco a poco fui formándome y trabajando en casa los fines de semana. Con el tiempo fui encontrando un estilo con el que me sentía a gusto y con cada vez mayores oportunidades de trabajo. Después de cinco años de crear la productora, la convivencia entre mis dos pasiones se hizo insostenible y tuve que elegir. Finalmente el dibujo salió de los márgenes.

  • ¿Qué es lo que más disfrutas de lo que hacés?

Los animales son el centro de mi obra. Me gusta dibujarlos, transformarlos, darles un alma. Disfruto mucho de crear personajes que despierten emociones, con quienes se pueda empatizar. Suelen ser seres simples, poco grandilocuentes, en un punto medio entre el héroe y el antihéroe. También me encanta usar el humor, dejar pequeños mensajes ocultos en mis trabajos, algún guiño escondido para el potencial cómplice.

  • ¿Cómo descubriste Mapoteca y qué te atrajo del proyecto?

Conocí Mapoteca por Mer Ruggiero, una gran amiga e ilustradora, quien ilustró un hermoso mapa sobre aves migratorias. Me fascina todo lo que tenga que ver con la geografía y la cartografía. Puedo colgarme media hora mirando el desierto de Gobi en Google Maps como si nada. Hacer mi propio mapa era uno de mis grandes pendientes.

  • ¿Por qué elegiste la temática? ¿Cómo fue el proceso? (podes contarnos cómo te hiciste de toda la info de los ríos, proceso artístico, etc)

Cuando decidí escribir a Mapoteca ya tenía en mente lo que quería hacer: unir mi amor por los animales con mi pasión por viajar y conocer otras culturas. No había otra opción. Pero quedaba la cuestión de la proyección, la forma que tendrían los continentes. Un mapa es una representación del mundo, conocemos y entendemos el mundo a través del mapa. Si iba a hacer mi propio mapa quería aprovechar la oportunidad para aportar una visión distinta, superadora. Por eso pensé en la proyección de Gall-Peters. Fue un proceso largo y meticuloso. Empecé por hacer una lista, dividida por continente, con los animales autóctonos y de cada región. A veces los elegía por su representatividad y otras simplemente porque eran animales que quería dibujar. Después busqué fotos de cada animal y las distribuí por todo el mapa hasta llenarlo. En este tipo de proyectos es fundamental hacer una prueba piloto para entender la escala y proporciones de los elementos. Australia fue mi prototipo. Una vez que hicimos una impresión de prueba y confirmamos los tamaños, tuve luz verde para avanzar. Durante meses, uno por uno fui dibujando los 208 personajes que pueblan el mapa junto con hitos arquitectónicos y detalles geográficos. Sin duda el mayor desafío y lo que más tiempo me consumió fue investigar y pensar la actividad y vestimenta de cada personaje, intentando ser lo más riguroso posible y a la vez contar una pequeña historia.

  • ¿Cuál es tu técnica para la ilustración?

De forma analógica y digital, muchas veces combinando ambas. Lo digital es muy revolucionario, permite acelerar los tiempos, multiplicar la posibilidad de pruebas y fusión de estilos. Lo analógico me conecta más con lo real, habilita la posibilidad de equivocarse (no existe ctrl+z) y de jugar, y sobre todo sucede fuera de la pantalla, que hoy es un privilegio. Siempre que puedo trato de trabajar en analógico, usar estilógrafos de tinta para generar las tramas y texturas de mis animales.

  • ¿Qué te inspira?

Me inspira sobre todo el amor que tengo por la naturaleza y en particular los animales. Como no puedo tener un tigre o un impala en mi casa, supongo que dibujarlos es una forma de tenerlos presentes en mi vida. Creo que al humanizarlos busco compartir la idea de que, si bien subimos a la cima de la cadena trófica planetaria y nos creemos semi-dioses, seguimos siendo unos mamíferos medio extraños con poco pelo. Quiero creer que mis ilustraciones pueden aportar un granito de arena, por minúsculo que sea, para generar un cambio de conciencia. 

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